Eses

Hay eses gordas que botan como muelles

y rebotan como pelotas.

Y hay eses esbeltas

altas y flacas.

Con las gordas como pelotas puedes jugar juergas jaranero,

pero con las eses esbeltas… No. Ellas han nacido para vivir tumbadas

bajo el dominio de la caricia de la luz del atardecer.

Las eses esbeltas permiten que los caracoles gigantes

acampen dormidos en sus laderas de cebada recién segada

y cuando amanece la noche

muestran sus matices pardos peinados de terciopelo,

las eses esbeltas son

para besarse.

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O el mundo lo llevas puesto allí adonde vayas

Ahora, en el trono de su casa,

junto a la chimenea,

las cenizas de los troncos de la noche anterior,

el poeta observa el techo celeste,

aguarda a que su mano traduzca el idioma invisible

rumor frágil para los mortales.

Hoy he estado allí, otra vez.

A cualquiera le bastaría para entender,

pero el poeta sabe que el truco para llegar a las entrañas

pasa por mimar las palabras,

la misma idea, con un verbo que se expande:

Hoy he visto de nuevo el camino flanqueado de cantos rodados de color blanco, he seguido su trazado, y he llegado a casa.

La misma frase se moldea,

exactamente igual que esos mismos cantos rodados por el efecto de la persistencia de las olas y del tiempo con que el poeta sueña.

Vivo en un lugar que no existe, lo busco, y sin embargo, no me siento perdido.

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Un motor sin alma es como una persona sin ruedas

De la misma manera que un enamorado no necesita

que su amada le demuestre nada, no necesita que hable,

le basta con que esté a su lado,

a él le es suficiente con recorrer las calles de su pueblo de montaña,

la iglesia en lo alto del alcor,

y sentarse en la terraza del bar, en el centro,

en primavera. Y en verano, y en otoño.

 .

En invierno no.

.

.

El hombre que amaba las montañas

Todos somos poetas,

unos más que otros,

y otros que no pueden

entregarse

a la especulación flamante de las hojas aciculares

están convencidos de que siempre habrá un momento

en el que poder serenarse para percatarse de que existe

mañana.

Uno se aferra a lo que tiene

hoy,

es decir, por de pronto,

a nada.

La muerte.

 .Las tardes y las noches son pasto virgen

para el esparcimiento de los trampa antojos,

desencantado, decepcionado y sin ganas

permites que tu mano se aferre al enervado

miembro por el que te haces llamar

hombre

y te dejas violar.

.

 .Un acto homosexual, lésbico, lesbio,

chino, humano, universal.

No te servirá de nada.

 .

Quizá eres un poeta que se resiste a creer que

no es necesario buscar amor más allá de ti mismo.

No te servirá de nada.

 .

.

El tiempo ha encontrado mi llave

Los amantes se entienden tan bien que

no hablan apenas entre ellos

o quizá por eso

hablan poco

con las palabras.

 

A Mar le encanta encajar su cara triangulada

en el cuello de su amante, abrazarle con los flecos

de sus cabellos negros y aspirar con fuerza.

 

El insurgente poeta cuela su mirada arriba

más allá de las alas de pasta gris y cristal de los edificios,

apoyado en una farola, se sumerge entre los plisados fuelles

de las pequeñas nubes blancas.

No ve conejos, ni osos modelados por relieves blancos y grises,

únicamente se deja humedecer por la sugestión

de los brillos aterciopelados

y recuerda la sonrisa

en la boca pequeña de su Mar.

 .

.

El aroma de las flores invisibles

La magia está por todos lados,

dentro y fuera de nosotros,

 una constelación de pétalos siembra

nuestros campos de luminarias blancas,

las ves, tras la ventanilla del coche,

las ves

no son invisibles,

pero no dices nada.

Relames tus labios blancos

con la lengua miel

entre las montañas,

los últimos ecos captados por la antena de la radio…

Hemos escuchado Preludio de la siesta del fauno, de Debussy,

la locutora lo ha pronunciado con una voz mecida por sonidos teúrgicos

de una tesitura musical bordada con hilo invisible.

¿Lo has oído?

¿El qué?

Cómo lo ha dicho la locutora…

 .

El valle. Desfiladero, rocas,

encinas, pinos, olivos, riscos, cimas,

el agua y la estrella,

 .la mitología desplaza de un golpe seco

la estupidez a la que nos encadenamos para creer que estamos vivos.

La mitología, ¿de qué?

¡El Fauno, el Fauno!, el padre de la buena diosa

despierta, sin estridencias…

la mano plana suspendida en el aire

nos lee el futuro, tú y yo,

una señal,

vida frente a la muerte

de la que huimos ahora mismo.

 .

La musa restriega la mirada sobre la piel del poeta

como una niña lame la bola de un helado

con su pequeña lengua.

 .

Una señal.

 .

Ella sigue sin saber a qué se refiere él con lo del Fauno.

Le basta con adivinar la señal,

su futuro, nace ahora, sin estridencias.

Me encanta venir aquí.

Y a mí.

Podría detenerme,

para siempre, y saborear el inexistente olor de las almendras.

 .

Ya no se ven almendros.

Justo por eso.

 

.

El mar desaparecerá

Sentado en la terraza de un bar,

bajo una sombrilla, el sol arriba,

pasa una joven.

 

Navega su andar en un mar

de varones suspiros

con la melena a toda vela.

 

Qué lástima,

la joven

verá mutilarse su piel

 y no sabrá caminar sobre

las rocas secas

si no se calza un buen par de

versos de tacón.